Un pulpo amarillo brillante se traga la cabeza de mi alumno de 4 años antes de hacer un extraño sonido burbujeante y salir volando por los aires. Se une a su variopinto grupo de amigos para un rato de cotilleo después del snack: un simpático esqueleto hecho con bastoncillos de algodón, un curioso muñeco de nieve formado por tres cápsulas redondas de cupcake y una bruja verde mágica creada sobre un plato de papel pintado. Todos cuelgan delicadamente de la pared de nuestra Craft Room.

“What are we making today?” pregunto para dar comienzo a nuestra rotación de treinta minutos.

“An Octopus!!” responden los niños con los ojos muy abiertos mientras sigo haciéndoles cosquillas en la cabeza con los ocho tentáculos de papel de nuestra manualidad de ejemplo. Juntos contamos 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7… sí, ¡8 tentáculos! Empezamos muy bien.

“Can I have a paper please!?” grita una de mis alumnas, anticipándose al material que va a necesitar. Me impresiona darme cuenta de que nuestra repetición semanal de esta frase por fin ha calado. El resto la repite y recibe un entusiasta high-five por hacerlo.

“Here you go!” repito unas ocho veces mientras reparto las cartulinas amarillas y muestro las líneas por las que debemos recortar con nuestras pequeñas tijeras. Durante los siguientes veinte minutos aproximadamente, este grupo de Hunny Bunnies está tan concentrado como puede estarlo a su edad: cortando, pegando y coloreando para hacer suyo el pulpo.

Inevitablemente también utilizan frases como “Help me please!”, “Oh no!”, “Look at this!” y “Waaahhhhhhh” mientras se enfrentan y superan pequeños retos creativos. Cortar en línea recta no es nada fácil a esta edad.

Al final, lo que se llevan a casa no es solo una criatura marina de papel para decorar el salón. Es un símbolo de su esfuerzo: algo tangible que representa cómo van mejorando sus habilidades artísticas y lingüísticas.

Cada día en Casita, todos los alumnos, de todas las edades, crean una manualidad completa de principio a fin con instrucciones explicadas íntegramente en inglés.


El arte y el aprendizaje del idioma van de la mano

En La Casita de Inglés, los alumnos aprenden dos lenguajes: inglés y arte. Ambos se complementan y abren un abanico mucho mayor de expresión personal que los niños pueden utilizar a lo largo de su vida para comunicarse y conectar con los demás.

En nuestra sala de manualidades, aprender inglés se vuelve táctil, concreto y creativo. Las manualidades nos permiten transformar palabras y conceptos abstractos en algo visual que las mentes infantiles pueden asimilar con mayor facilidad.

Los programas educativos basados en las artes han demostrado mejorar el rendimiento académico de los estudiantes de inglés tanto en su lengua materna como en la segunda lengua (Spina, 2006). Pero, ¿qué ocurre exactamente en el cerebro de nuestros alumnos cuando trabajan de forma creativa?

Durante el proceso de creación artística, los niños transfieren información entre distintos sistemas de significado del cerebro, lo que hace que el nuevo vocabulario sea más memorable y fácil de utilizar en distintos contextos (Rinne et al., 2011).

Por ejemplo, el flujo de aprendizaje durante nuestra manualidad del pulpo requiere que los alumnos:

  • comprendan y produzcan el nuevo lenguaje: “Octopus!”
  • utilicen su imaginación para visualizar cómo transformar una cartulina en una criatura marina flotante de ocho tentáculos
  • manipulen el papel con las manos, cortando, pegando, doblando y sujetando hasta alcanzar el resultado deseado
  • pidan ayuda al profesor y a sus compañeros y, finalmente, muestren con orgullo lo que han creado

De este modo, el nuevo vocabulario en inglés queda codificado en la memoria utilizando simultáneamente las áreas del cerebro responsables del lenguaje, la visión, el movimiento y la interacción social.

No hace falta decir que activar semejante potencia cerebral hace que la palabra octopus sea muchísimo más memorable para estos niños que si simplemente se les hubiera pedido repetir vocabulario en un examen.


¡Exámenes! Qué palabra tan temida y capaz de convertir el aprendizaje del inglés en una auténtica olla a presión para muchos alumnos. Aunque los exámenes puedan ser inevitables, las artes y manualidades ayudan a compensar esa presión al favorecer la regulación emocional.

Estas actividades pueden distraer a los niños de la ansiedad, reforzar su autoestima y ayudarles a convertirse en solucionadores de problemas más activos (Fancourt et al., 2019).

El entorno de La Casita de Inglés está diseñado para que los alumnos se sientan cómodos y como en casa. Al ofrecer una clase donde pueden trabajar con las manos, les ayudamos a relajarse y a ganar confianza.

Trabajar con manualidades también impulsa el desarrollo de la motricidad fina, es decir, todas aquellas habilidades que implican coordinación mano-ojo, como recortar, dibujar o doblar papel.

Si has leído nuestro artículo anterior sobre embodied learning, ya sabrás que el lenguaje y el movimiento comparten algunas redes cerebrales, como la corteza sensoriomotora o el cerebelo (Winter et al., 2021). Por eso, la conocida hipótesis de “nimble hands, nimble minds” explica que estas habilidades precisas alimentan capacidades cognitivas más amplias como la atención y la memoria (Suggate & Stoeger, 2014).


“Did you know that most of an Octopus’ brains are in its tentacles, not its head?” les digo a mis alumnos. Una metáfora perfecta de cómo nosotros también aprendemos muchísimo cuando trabajamos con las manos.

Lo mejor de las artes y manualidades es que también son muy fáciles de fomentar en casa. Con una hoja de papel, unos rotuladores, una caja de lego, un plato de papel, un viejo cordón de zapato y una buena dosis de perseverancia se pueden hacer maravillas.

¿Por qué no añadir algunas palabras en inglés a estas actividades creativas? Piensa en tarjetas de cumpleaños, cómics, juegos de mesa o incluso un mapa del tesoro con instrucciones para llegar al coche cuando de verdad hay que salir de casa.

En Casita sabemos que, con unas tijeras y un toque de imaginación, aprender inglés puede dejar de sentirse como una obligación y empezar a quedarse para toda la vida.


Referencias

Rinne, L., Gregory, E., Yarmolinskaya, J., & Hardiman, M. (2011). Why arts integration improves long‐term retention of content. Mind, Brain, and Education, 5, 89–96.
Spina, S. U. (2006). Worlds together… words apart. Journal of Latinos and Education, 5(2), 99–122.
Suggate, S. P., & Stoeger, H. (2014). Do nimble hands make for nimble lexicons? First Language, 34(3), 244–261.
Fancourt, D. et al. (2019). How do artistic creative activities regulate our emotions? PLOS ONE, 14(2), e0211362.
Winter, R. E., Stoeger, H., & Suggate, S. P. (2021). Fine motor skills and lexical processing in children and adults. Frontiers in Psychology, 12, 666200.

Las manualidades como desarrollo de la motricidad fina

Poniendo el foco no en el resultado final, sino en las habilidades cognitivas, lingüísticas y creativas que se practican durante la actividad.

Ejemplo en el aula: manualidad del pulpo para niños de 5 a 6 años → contar hasta 8 juntos, pedir ayuda, enseñarse entre compañeros cómo resolver problemas, volver a empezar tras los errores con una mentalidad de crecimiento. Una ventana al ciclo completo de la sala de manualidades.

Investigación:
Relación entre motricidad fina y procesamiento léxico
https://www.frontiersin.org/journals/psychology/articles/10.3389/fpsyg.2021.666200/full

Experimento sólido sobre la eficacia del aprendizaje de inglés basado en las artes frente a métodos tradicionales
https://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1207/s1532771xjle0502_3

La creatividad artística favorece la regulación emocional
https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0211362

Las artes y manualidades fomentan un uso más espontáneo del lenguaje y mayor motivación en estudiantes de ESL
https://repositorio.utp.edu.co/items/5e212210-4214-4e47-80e4-3561102b64c1

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