“Lellow, Lellow!” grita uno de mis Bumblebees de 4 años después de que anuncie que la siguiente actividad incluye Play-Doh (plastilina). Los colores parecen tener una carga emocional enorme a esta edad, y su entusiasmo es tan intenso que resulta divertidísimo.
Sonrío. No solo porque su error de pronunciación sea adorable, sino porque además es la forma más fácil de corregirle. Sonriendo y señalando mi boca, exagero el sonido “eeeee” [iiiiii] antes de repetir lentamente “yellow”.
En momentos así, me hace gracia recordar mis propios errores de pronunciación de pequeño, y los de mi hermano. Pasé años llamando a “water” como “wadu”. Mi hermano, una vez, se refirió por error a su “growth spurt” como “gross bird”. Mi familia nunca nos ha dejado olvidarlo.
Aprender un idioma nuevo, con sonidos distintos, da lugar a muchos momentos así en La Casita de Inglés. Una dificultad muy común entre mis alumnos es la frase “Luke, look!” (¡que, como puedes imaginar, usamos muchísimo!). Ese sonido doble de la “oo” en “look” no existe en español. La mejor forma que tengo de enseñarlo es juntando exageradamente los lados de la boca hacia dentro y haciendo un sonido tipo “deuhhhhh” [algo entre “e” y “u”], como una imitación de Homer Simpson. La mitad de las veces, los niños creen que estoy corrigiendo cómo pronuncian mi nombre (¿por qué una palabra normal sonaría tan rara?, imagino que piensan). En fin.
Aunque estos pequeños errores son graciosos a edades tempranas, dominar estos sonidos y su relación con la escritura es clave con el tiempo para comunicarse en inglés con claridad y seguridad. Por eso, en La Casita trabajamos con juegos que desarrollan desde el principio la conciencia y producción de los fonemas en inglés.
¿Qué son los fonemas y cómo influyen en el desarrollo del lenguaje?
Los fonemas son las unidades de sonido más pequeñas de un idioma. Por ejemplo, un fonema puede ser el sonido vibrante y con la boca cerrada “mmmm” [mmmm] que hacemos al pensar en la letra “M” (o al saborear algo rico). También puede ser el golpe rápido de la lengua en la “T”, o su versión más suave y sonora, la “D” (esta última muy común en acentos norteamericanos).
A veces, los fonemas surgen de combinaciones de letras, como el sonido “sshhh” [shhhh] que hacemos cuando los niños van por la quinta repetición de una canción.
El inglés tiene alrededor de 46 fonemas únicos, pero existen miles si contamos todos los idiomas del mundo (Quadir, 2020). Durante los primeros años de vida, los bebés pueden percibir la diferencia entre todos estos sonidos. A diferencia de los adultos, tienen una capacidad innata para detectar pequeñas variaciones incluso en idiomas que no conocen (Kuhl, 2004). El cerebro humano es increíblemente flexible en esta etapa: nacemos preparados para aprender cualquier idioma al que estemos expuestos.
Los bebés y niños pequeños aprenden su(s) lengua(s) principalmente a través de lo que escuchan. Según la teoría del aprendizaje estadístico, adquieren el lenguaje reconociendo de forma inconsciente qué sonidos suelen aparecer juntos, como cuando “ma” suele ir seguido de otro “ma” en “mama” (Saffran et al., 1996). Este proceso les permite identificar palabras dentro del flujo continuo del habla.
Los fonemas también son la base del lenguaje escrito. A medida que crecen, los niños conectan sonidos con letras, por eso “leen en voz alta” los sonidos cuando empiezan a leer y escribir. El vocabulario y la gramática se desarrollan progresivamente, y hacia la pubertad la mayoría ya domina su lengua materna con naturalidad.
Al mismo tiempo, ocurre un proceso llamado “estrechamiento perceptivo”. El cerebro se especializa en los sonidos del idioma al que el niño está expuesto, y pierde sensibilidad hacia los que no escucha con frecuencia (Kuhl, 2004). Es decir, al principio el cerebro puede manejar varios idiomas a la vez, pero con el tiempo los que no se practican se vuelven más difíciles de aprender.
Aunque se puede aprender un idioma en cualquier momento de la vida, muchas investigaciones muestran que el cerebro está especialmente preparado antes de la pubertad. Esto se conoce como el “periodo crítico” del aprendizaje de idiomas (Johnson & Newport, 1989). Por eso, en Casita sabemos que trabajar los sonidos del inglés desde pequeños es clave para formar hablantes seguros en el futuro.
Por qué la diversidad en Casita marca la diferencia
Una de las grandes fortalezas de La Casita de Inglés es la diversidad de nuestros profesores nativos. Los niños no se acostumbran a un solo acento. Con el tiempo, pueden escuchar inglés de Irlanda, Australia, Canadá, Estados Unidos o Inglaterra.
Esto es importante porque refleja la realidad. Se estima que existen alrededor de 160 acentos distintos del inglés en el mundo. No suena igual una serie infantil canadiense como Paw Patrol que el inglés que puedes escuchar en Escocia. Tampoco es igual el acento clásico de Julie Andrews en Mary Poppins que el de alguien que ha crecido en Nueva York.
Cuanto antes expongamos a los niños a esta variedad real, mejor aprovechamos la flexibilidad de su cerebro.
En La Casita de Inglés, nos gusta preparar a los niños para un inglés real, más allá del aula. Trabajando la conciencia fonética desde pequeños, les damos herramientas para entender y comunicarse en muchos contextos distintos a lo largo de su vida.
Al final, detrás de cada “yellow” bien pronunciado, hay un niño que primero se atrevió a decir “lellow”.
Referencias
Bloch, C., Kaiser, A., Kuenzli, E., Zappatore, D., Haller, S., Franceschini, R., Luedi, G., Radue, E.-W., & Nitsch, C. (2009). The age of second language acquisition determines the variability in activation elicited by narration in three languages in broca’s and Wernicke’s area. Neuropsychologia, 47(3), 625–633. https://doi.org/10.1016/j.neuropsychologia.2008.11.009
Johnson, J. S., & Newport, E. L. (1989). Critical period effects in second language learning: The influence of maturational state on the acquisition of English as a second language. Cognitive Psychology, 21(1), 60–99. https://doi.org/10.1016/0010-0285(89)90003-0
Kuhl, P. K. (2004). Early language acquisition: Cracking the Speech Code. Nature Reviews Neuroscience, 5(11), 831–843. https://doi.org/10.1038/nrn1533
Quadir, S. (2020, February 21). Speech sounds in the world’s languages. City St George’s, University of London. https://www.citystgeorges.ac.uk/news-and-events/news/2020/02/speech-sounds-in-the-worlds-languages
Saffran, J. R., Aslin, R. N., & Newport, E. L. (1996). Statistical learning by 8-month-old infants. Science, 274(5294), 1926–1928. https://doi.org/10.1126/science.274.5294.1926