“¡Qué frío!” exclaman mis Bumblebees, soltando pequeños vaporecillos al respirar. Siempre bromeo con ellos diciendo que están echando fuego por la boca y que, cuando sean mayores, se convertirán en dragones. Incluso con solo 4 años, miran mis ocurrencias con cierto escepticismo.

Estamos en el campamento de Navidad y acabamos de terminar una breve salida al parque para liberar energía, literal y figuradamente. Las manos empiezan a ponerse rojas y toca volver dentro para tomar algo. El pilla-pilla con los mayores nos ha entrado en calor, aunque solo por un rato.

Mientras chaquetas, bufandas y guantes vuelven a su sitio en las perchas del pasillo, me viene a la cabeza mi hogar.

“Who has been to Canada?” pregunto. Silencio. Quizá el present perfect ha complicado un poco la cosa.

“Who knows Canada?” pruebo de nuevo, señalándome la cabeza para explicar qué significa to know. Esta vez parece que lo entienden mejor. La mayoría niega con la cabeza, aunque un par sonríen con complicidad.

“Canada! I fly to Canada!” dice uno de los Hunny Bunnies de 6 años que se ha unido al grupo ese día. Sonrío, preguntándome si este tipo de viajes intercontinentales será algo habitual para las familias españolas, intuyendo que probablemente no.

“In Canada it is cold!” digo, llevándome la mano a la oreja e inclinándome hacia delante para pedir repetición.

“Cold!” repiten orgullosos.

“And where I’m from, there are a LOT of trees!”

“Trees!”

“And bears!”

“Bears!”

“And rain!”

“Rainy!” (nota mental: enseñar también los sustantivos del tiempo, no solo los adjetivos).

“I’m from Vancouver!”

Silencio. Es comprensible. Esta última palabra es un poco extraña para asimilar a la primera, al fin y al cabo tiene no una, sino DOS “V” vibrantes.

“Bonjour!” exclama otro Hunny Bunny, muy orgulloso. Qué listo, pensé, sabe que Canadá tiene dos lenguas oficiales. Pero…

“People don’t speak French in Vancouver,” afirmo con seguridad (sí que lo hacen, pero muy poco). “But that’s very good! Bonjour means ‘hello’ in French.”

“Hello!” (con esto recupero por completo la atención de los niños de 3 años).

Una de las cosas que más me ha sorprendido desde que me mudé a España es darme cuenta de que Vancouver no es muy conocida para muchos europeos. Cuando conozco gente nueva, puedo quejarme del clima, la política o el coste de la vida desde cero, como si fueran datos totalmente nuevos. Aun así, adoro Vancouver y siempre recomiendo visitarla. Montañas, playas y árboles crean una mezcla urbana de bosque lluvioso que resulta bastante mágica en primavera y verano.

La forma casi poética en la que yo siento Vancouver, sus atardeceres, los lugares donde el bosque se encuentra con el mar o la curiosa relación de los vecinos con los mapaches, es demasiado para explicársela a un niño de 5 años que nunca ha estado allí. Así que intento ser breve y clara, integrando mi experiencia personal con los objetivos de aprendizaje de la semana:

En la semana de transporte: “In some places in Canada, people drive snowmobiles!”

En la semana de comida: “Vancouver has hundreds of amazing sushi restaurants!”

En la semana dedicada al hogar: “Where I’m from, all bedrooms have outdoor windows!”

Con el tiempo, he ido dándome cuenta de que estos pequeños detalles sobre mi lugar de origen están cambiando la manera en que mis alumnos entienden el aprendizaje del inglés. Cuantas más preguntas me hacen sobre Canadá, más claro tengo que lo que aprenden en el aula es tanto lingüístico como cultural.

Al fin y al cabo, lengua y cultura son inseparables, hasta el punto de crearse mutuamente. La competencia intercultural es una parte esencial del aprendizaje de idiomas. Sin ella, los alumnos pueden comunicarse de forma “correcta”, pero perderán gran parte del significado implícito que existe en la comunicación cotidiana (Hossain, 2023). Por ejemplo:

¿Por qué decimos que un águila “soars” pero que un avión “flies”?

¿Por qué hablamos del tiempo como algo que avanza hacia delante o hacia atrás y no hacia el este o el oeste, como ocurre en algunas comunidades aborígenes australianas (Boroditsky y Gaby, 2010)?

¿Por qué palabras como “cool”, “cold”, “warm” y “hot” tienen connotaciones tan distintas?

¿Por qué se habla de “The American Dream” y no de “The American Goal”?

Estas preguntas pueden resultar bastante provocadoras incluso para hablantes nativos de inglés. Nos obligan a reflexionar sobre cómo el lenguaje moldea nuestra percepción del mundo. Alguien puede hablar inglés con una gramática perfecta y gran fluidez, pero sin un conocimiento cultural profundo, responder a estas cuestiones sería realmente complicado.

Lenguaje y curiosidad cultural

Tuve la suerte de crecer aprendiendo sobre los pueblos indígenas del actual territorio de Vancouver. Sus lenguas son una ventana directa a su forma de entender el mundo. Por ejemplo, en la lengua hun’qumi’num’ de la costa salish, elementos como las casas, las canoas, el sol o el agua en movimiento son gramaticalmente animados, con capacidad de actuar e interactuar de manera intencionada (Suttles, 2007). Esto es difícil de trasladar al inglés. Aunque muchos lo intentan (como en Is a River Alive de Robert McFarlane), dar vida a objetos inanimados suele ser más un recurso literario que una verdadera cosmovisión dentro del idioma inglés.

Y esto me lleva a la famosa cita de Carlomagno: “To have another language is to possess a second soul.” Aprender un idioma es aprender cultura. Es desarrollar herramientas para comprender la diversidad de personas, lugares y formas de ver el mundo que existen a nuestro alrededor.

Espero que, despertando la curiosidad de mis alumnos por Canadá, esté alimentando también su motivación por aprender inglés. Hay tantos lugares y personas en el mundo angloparlante por descubrir que, como profesor, me enorgullece poder ofrecer una ventana a mi propia cultura que aporte profundidad a su aprendizaje.

El enfoque de La Casita de Inglés, basado en el aprendizaje experiencial y con profesores nativos, hace que la competencia cultural sea siempre una parte esencial de cada clase. Un patio frío puede convertirse en una lección sobre el clima, en una conversación sobre Canadá y en una nueva curiosidad que dé aún más sentido a aprender inglés. En La Casita de Inglés no solo estudiamos inglés, lo vivimos.

Referencias

Boroditsky, L., & Gaby, A. (2010). Remembrances of times east: Absolute spatial representations of time in an Australian Aboriginal community. Psychological Science, 21(11), 1635–1639. https://doi.org/10.1177/0956797610386621

Hossain, K. I. (2024). Reviewing the role of culture in English language learning: Challenges and opportunities for educators. Social Sciences & Humanities Open, 9, 100781. https://doi.org/10.1016/j.ssaho.2023.100781 

Suttles, W. (2007). Musqueam Reference Grammar. UBC Press.

Prueba una clase totalmente GRATIS