«A herd of cows peacefully grazes on a sunny field, mooing in delight at all of the fresh grass.«
(Una manada de vacas pasta tranquilamente en un campo soleado, mugiendo felices ante toda la hierba fresca)

«A litter of cats curves their back at the shock of an unwanted bath.«
(Una camada de gatos arquea la espalda al sobresalto de un baño inesperado)

«A den of snakes rear their necks off the ground, ready to strike!«
(Una guarida de serpientes eleva el cuello del suelo, ¡listas para atacar!)

«Now reach all the way up to the sky like a tall, hungry giraffe!» anuncio desde mi esterilla de yoga, demostrando el movimiento a mis Bumblebees de 3 y 4 años. Durante nuestra sesión de yoga con temática animal, la theatre room se ha transformado en un zoo de bestias salvajes (sinceramente, no hace falta mucha imaginación).

«Woof woof!» grita uno de mis alumnos mientras adopta una postura que claramente reconoce como downward dog.

Good job!” respondo, copiando su movimiento y ladrando con él. Hoy estamos aprendiendo la diferencia entre pets y farm animals, y creo que empieza a encajar. Tras unas cuantas respiraciones profundas como ballenas saliendo a la superficie, terminamos con un rugido de león en lugar del habitual “Namaste”.

Con sonrisas en la cara y músculos flexibles, estos niños simplemente disfrutan del momento. Puede que no entiendan por qué su profesora está aullando a la luna en una postura de yoga con las piernas cruzadas, pero les encanta.

Y, como siempre en La Casita de Inglés, hay un método detrás de esta aparente locura.

El aprendizaje corporal es más divertido y memorable para los niñOS

Los modelos tradicionales de enseñanza suelen partir de la idea de que los niños aprenden mejor sentados. En teoría, escuchan y aprenden mejor sin el movimiento como distracción, bajo la suposición de que el aprendizaje ocurre únicamente en la mente.

Sin embargo, en su forma más básica, los niños aprenden interactuando con su entorno y con las personas que los rodean. Un bebé aprende que caerse duele cuando intenta caminar, mucho antes de comprender el lenguaje de las advertencias nerviosas de sus padres. Otro ejemplo claro: aprendemos a montar en bicicleta montando en bicicleta, no sentados en un aula escuchando una lección sobre equilibrio y pedaleo.

De hecho, existe una relación demostrada entre el desarrollo de las habilidades motrices gruesas —como el equilibrio, la coordinación, caminar, bailar y muchas otras— y el desarrollo del lenguaje (Gonzalez et al., 2019). A medida que los bebés aprenden a caminar, adquieren nuevas formas de interactuar con su entorno, descubriendo nuevos objetos, personas y sensaciones que necesitan ser nombradas con nuevo vocabulario (Walle y Campos, 2014).

El desarrollo motor también está relacionado con el crecimiento de las habilidades sociales, ya que los niños empiezan a comprender el concepto de causa y efecto, por ejemplo: “si estiro el brazo y empujo este jarrón tan caro, se caerá y mamá se enfadará”.

Lenguaje y movimiento también están conectados a nivel neurológico. Una pequeña región situada en la parte posterior del cerebro, el cerebelo, utiliza parte de los mismos circuitos neuronales para controlar tanto la coordinación física como el procesamiento del lenguaje (Stoodley y Stein, 2011).

Además, la corteza sensoriomotora —el centro encargado del movimiento y la sensación— se activa de una manera cuando leemos sustantivos u observamos objetos, y de otra distinta cuando leemos verbos o vemos acciones (Horoufchin et al., 2018). Es decir, las redes cerebrales responsables del movimiento corporal también son clave para procesar el lenguaje del movimiento.

Learning, doing (and mooing) at La Casita

Basándonos en estos hallazgos, el enfoque del aprendizaje corporal en La Casita se centra en incorporar movimiento, gestos y experimentación práctica dentro del aula. Podemos aprender a contar lanzando bean bags, descubrir cuentos representando pequeñas obras de teatro o aprender vocabulario de animales adoptando posturas de yoga imposibles mientras mugimos como una vaca.

Utilizamos gestos reconocibles para acompañar el vocabulario como pilar del método Total Physical Response, lo que ayuda a niños de todas las edades a comprender lo que decimos los profesores incluso cuando todavía saben muy poco inglés.

Lo hacemos porque funciona.

Se ha demostrado que el aprendizaje corporal ayuda a los niños de primaria a adquirir vocabulario nuevo y complejo, además de hacer las clases mucho más divertidas y motivadoras (Kosmas y Zaphiris, 2020). En concreto, este enfoque mejora la memoria de nuevas palabras en lengua extranjera por encima del modelo tradicional y sedentario de sit-and-learn (Schmidt et al., 2019).

En La Casita de Inglés, nuestras theatre rooms y dance rooms están diseñadas específicamente para este tipo de aprendizaje en movimiento. Dentro de la rotación del Home Circle, estos espacios se transforman en pistas de baile, circuitos de obstáculos, escenarios teatrales y granjas de animales.

Niños de todas las edades aprenden haciendo, mientras desarrollan habilidades motrices fundamentales como el equilibrio, la coordinación y la conciencia corporal.

Las ideas del aprendizaje corporal también son fáciles de poner en práctica en casa al practicar inglés con tus hijos. Quizá estiras los brazos y conduces un volante imaginario cuando vais en el “car”. Quizá juntas las manos junto a la cara y ladeas la cabeza al explicar que estás “tired”. Quizá te tapas los oídos cada vez que necesitas un poco de “quiet”.

Y quizá, lo más bonito de todo, cruzas el pulgar y el índice formando un corazón cada vez que dices: “I love you”.

En La Casita de Inglés, cada estiramiento, cada rugido y cada postura de yoga torcida nos recuerdan que el mejor aprendizaje ocurre cuando mente, cuerpo e imaginación se mueven juntos.

Referencias

Gonzalez, S. L., Álvarez, V., & Nelson, E. L. (2019). Do gross and fine motor skills differentially contribute to language outcomes? A systematic review. Frontiers in Psychology, 10, Article 2670. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2019.02670

Horoufchin, H., Bzdok, D., Buccino, G., Borghi, A. M., & Binkofski, F. (2018). Action and object words are differentially anchored in the sensory motor system: A perspective on cognitive embodiment. Scientific Reports, 8, Article 6583. https://doi.org/10.1038/s41598-018-24475-z 

Kosmas, P., & Zaphiris, P. (2020). Words in action: Investigating students’ language acquisition and emotional performance through embodied learning. Innovation in Language Learning and Teaching, 14(4), 317–332. https://doi.org/10.1080/17501229.2019.1607355 

Schmidt, M., Benzing, V., Wallman-Jones, A., Mavilidi, M.-F., Lubans, D. R., & Paas, F. (2019). Embodied learning in the classroom: Effects on primary school children’s attention and foreign language vocabulary learning. Psychology of Sport and Exercise, 43, 45–54. https://doi.org/10.1016/j.psychsport.2018.12.017

Stoodley, C. J., & Stein, J. F. (2011). The cerebellum and dyslexia. Cortex: A Journal Devoted to the Study of the Nervous System and Behavior, 47(1), 101–116. https://doi.org/10.1016/j.cortex.2009.10.005 

Walle, E. A., & Campos, J. J. (2014). Infant language development is related to the acquisition of walking. Developmental Psychology, 50(2), 336–348. https://doi.org/10.1037/a0033238 

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